Política y Sociedad

Economistas de la salud invitan a una nueva mirada sobre el copago en función de la renta

Una característica del sistema impositivo español es el acento en los impuestos progresivos sobre las rentas del trabajo, observación que ha llevado a un grupo de economistas a hacer una relectura del copago farmacéutico en España, en función de las rentas reales, al considerar que el perfil sociológico actual ya no responde al indicador tradicional de pobreza versus riqueza.

 

Aspectos a considerar

 

Enrique Bernal, José Ramón Repullo, Ricard Meneu, Juan Oliva y Rosa Urbano

Enrique Bernal, José Ramón Repullo, Ricard Meneu,
Juan Oliva y Rosa Urbano

“Mientras casi nadie cuestiona nuestro copago farmacéutico, a pesar de que requiere reforma urgente, hay un rechazo apriorístico a evaluar la conveniencia de introducir otros copagos en el sistema sanitario”, defiende el informe, y por ello recomienda modificar el diseño de esta aportación farmacéutica, “eliminando la arbitraria distinción entre activos y pensionistas”, e incluir los medicamentos hospitalarios de dispensación ambulatoria; en segundo lugar, modular las aportaciones en función de criterios clínicos y de coste-efectividad con copagos evitables siempre que sea posible. La tercera propuesta consiste en “implementar mecanismos de protección de los más débiles económicamente y los más enfermos”.

 

La fórmula propuesta es fijar un límite máximo de contribución al trimestre o al año en función de la renta familiar, con exención total de las rentas más bajas, ya sean procedentes del trabajo o la pensión, y tratamiento especial de los casos de enfermedad crónica o patologías múltiples. “El copago y otras formas de contribución no deben empobrecer, por lo que el límite debería suponer un porcentaje reducido de la renta familiar”, concluyen los economistas.

 

La utilidad de lo nuevo

 

“Cuando el presupuesto disminuye o no aumenta, no sólo hay que prestar atención a que lo nuevo sea útil y asequible, sino a lo que se va a eliminar para financiar las innovaciones”, apuntan los autores del estudio. Se requiere reorientar las prioridades de financiación, lo que comúnmente se etiqueta como “desinversión”. Y ellos entienden por esto “un proceso explícito mediante el cual se dejan de financiar parcial o completamente medicamentos, dispositivos, aparatos, procedimientos o servicios con escaso valor clínico”.

 

José Ramón Repullo, coautor del estudio
José Ramón Repullo, coautor del estudio

Distinguen áreas de actuación: las intervenciones de valor dudoso y la mala calidad de los servicios prestados. En el primer grupo se incluyen intervenciones inefectivas (como la prescripción de estatinas en prevención primaria de muerte por cardiopatía isquémica); aquéllas en las que el balance beneficio-riesgo se desplaza netamente hacia el segundo (cualquier cirugía electiva en paciente no elegible); las prescindibles por innecesarias (entre otras, un tercio de los tratamientos antibióticos en Atención Primaria); las potencialmente “cosméticas” (como la operación estética de varices); las eficaces con alternativas más coste-efectivas que deberían ser consideradas en primer lugar (por ejemplo, la mitad de los tratamientos de osteoporosis); y las intervenciones efectivas pero con relación beneficio-riesgo incierta para el caso de los pacientes “medios” (como las cirugías de cadera, rodilla o cataratas). En el segundo grupo (mala calidad de los servicios prestados) se incluyen los efectos adversos evitables derivados de la prestación de servicios médicos (infecciones hospitalarias, errores de medicación, etc.).

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