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Doctor… supongo. (Gestas históricas de médicos aventureros)

Miguel Gutiérrez (hijo), historiador, periodista y escritor, y Miguel Gutiérrez (padre), médico psiquiatra y catedrático de Psiquiatría, narran las epopeyas y desventuras de los médicos exploradores de los siglos XIX y XX, al tiempo que recorren la evolución del pensamiento médico y científico, desde aquellos momentos hasta los primeros pasos de la era espacial.

Doctor… supongo. (Gestas históricas de médicos aventureros)Presentado en Bilbao, en el marco del XVI Congreso Nacional de Psiquiatría, el libro ‘Doctor… supongo (Gestas históricas de médicos aventureros), tal y como expuso Gutiérrez Garitano, “es una semblanza de las portentosas aventuras de los médicos que se lanzaron, como dicen los anglosajones, “in to the blue”, a los caminos, en busca de tierras desconocidas. Historias que son pequeños jirones del manto de Asclepio, flotando a los cuatro vientos en medio de una frontera mitad física mitad imaginada”.

 

En las líneas de la obra se abordan “las aventuras tremendas de los médicos exploradores de los siglos XIX y XX. Intentar reducirlos a una tipología sería un trabajo estéril”. Tal y como ha explicado, “abarcaron todas las variedades humanas. Junto a Mungo Park y David Livingstone, famosos por sus hazañas en los ríos Níger y Nilo, encontramos a Gustav Nachtigal, el erudito amable que antes de morir de tuberculosis regaló a Alemania su imperio africano; Von Siebold, el botánico estricto que llevó la laboriosidad germana al Japón; Cook, el intrépido mentiroso que se derrotó a sí mismo inventando un triunfo en el Polo Norte; Willson, el trágico científico que acompañó al Capitán Scott en su viaje a la muerte; Crevaux, el aventurero desdichado que desapareció en las selvas legendarias del Amazonas…Y un sinfín de historias entrelazadas como mimbres de un cesto que recoge la epopeya científica y viajera de todo Occidente”.

 

¿Por qué han viajado los médicos?

 

Para los autores, existen tres razones básicas por las cuales los sanadores occidentales se enrolaron en las empresas de exploración a lo largo de la historia. En primer lugar, el desplazamiento, entendido como movimiento espacial, es inherente a la profesión médica. Desde los barberos itinerantes que vendían panaceas y mejunjes curalotodo, hasta los médicos “visitadores”, que ejercían por los pueblos visitando casa por casa, el nomadismo ha formado parte del genotipo hipocrático desde los orígenes de la civilización.

 

Además, desde la antigüedad, algunos de los que revolucionaron la profesión, aprendieron las nuevas técnicas en países lejanos a aquellos en donde tenían sus residencias. El movimiento, incluso en nuestros días, se torna en cauce único a la hora de compartir conocimiento. Viajeros, entendiendo ‘viaje’ como método de permanecer al día en conocimientos prácticos, fueron desde Galeno, Constantino el africano, Maimónides y Paracelso, hasta el botánico y médico enciclopedista Linneo, apóstol, junto a Humboldt, de los exploradores científicos.

 

La segunda casuística de médicos que se lanzan a las rutas vírgenes del mundo “sería la del médico de expedición. Las empresas de exploración y colonización fueron siempre acciones de máximo riesgo, circunstancia que convertía, de forma automática, a los profesionales de la medicina en codiciados integrantes de toda expedición aventurera. Había médicos en los trirremes griegos que poblaron toda Europa meridional y también a bordo de las carabelas de Colón. Había médicos en los ejércitos europeos que conquistaron África, Asia y América y los hay en la Estación Espacial Internacional, maravilla actual de la ingeniería espacial. Bajo el liderazgo de otros y bajo el estandarte de muy diversos intereses, médicos de todas las naciones han viajado por los rincones más inverosímiles y alejados del Orbe. Pero en contadas ocasiones, la iniciativa del viaje, el fuego de la inquietud original, partía del propio médico.

 

Se llega así a la tercera tipología de médico viajero, la del médico explorador, no ya como integrante de una gran empresa liderada por otros, sino como generador de una apuesta propia en la que él mismo es su propio demonio tentador. “Camino del infierno tanto corre el cojo como el viento”, dice el dicho popular. Y así este libro trata de esta última clase galenos vagabundos. Personas que en su calidad de tales fueron frágiles y mortales, pero en sus hechos se acercaron a la divinidad; hombres duros, sabios y valientes, que tras estudiar Medicina, lo dejaron todo para ensanchar el conocimiento humano sobre el mundo y las gentes que lo pueblan.

 

Título: Doctor… supongo (Gestas históricas de médicos aventureros)

Autores: Miguel Gutiérrez Garitano y Miguel Gutiérrez Fraile

Editorial: Ikusager

Colección: Correría nº 31

ISBN: 978-84-89213-26-5

Páginas: 504 (con 2 cuadernillos de imágenes a color)

 

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