La nueva clasificación farmacéutica de los ciudadanos y el derecho a la intimidad

Después de haberse decidido clasificar a los españoles en diez categorías, en una especie de militarización de la población de acuerdo con su situación laboral, económica y familiar, han comenzado las especulaciones sobre cómo, a la hora de conseguir los medicamentos, van a identificarse y, sobre todo, cómo se va a perservar su intimidad, pues el tema de la declaración a hacienda debe entenderse como datos de especial protección. Por otro lado, y en relación con los profesionales autónomos, qué va a suceder si, después de un año bueno, le llega otro fatídico. ¿Va a seguir pagando como fue calificado al principio? Lo que sigue llamando la atención es que, pretendiendo poner fin a la discriminación pasada, se pretenda aumentar la existente. De todos modos, y por si sirve de sugerencia, la clasificación farmacéutica de los ciudadanos podría hacerse por grados y empleos como en el ejército.

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