Política y Sociedad

De la evolución biológica a la adaptación cultural, éxito de la especie humana

Como protagonista de excepción se contó con Francisco J. Ayala, profesor titular de Ciencias Biológicas de la Universidad de California (Irvine). Ayala, que fue presentado como ejemplo de ilustrado por sus trabajos como biólogo y pensador, dirigió el diálogo “sobre la evolución del hombre” contando con la participación del psiquiatra Juan José López-Ibor, el microbiólogo Fernando Baquero, el psicobiólogo Manuel Martín-Loeches y el profesor de evolución humana Camilo José Cela Conde. Las intervenciones giraron en torno a cuestiones como la evolución, el alumbramiento de la inteligencia, la especificidad humana, la moral y la genómica.

José Antonio Gutiérrez Fuentes, Francisco J. Ayala, Vicente Montes y José Luis Puerta López-Cózar
José Antonio Gutiérrez Fuentes, Francisco J. Ayala, Vicente Montes y José Luis Puerta López-Cózar

¿Somos monos o qué?

 

Tal como explicó Ayala, Darwin murió antes de que se hallara ningún resto fósil humano, pero no antes de que surgiera la polémica sobre si los humanos somos simios o no. El profesor de la Universidad de California zanjó la cuestión asegurando que somos una clase diferente de primate, que se separó hace 7 millones de su pariente más próximo, el chimpancé. Para lograrlo, tuvo que adoptar el bipedismo y dotarse de un cerebro mucho mayor que el de los monos. Para Ayala la evolución del cerebro trajo la inteligencia necesaria para el uso de herramientas que, a su vez, estimuló aún más el desarrollo de la inteligencia. A esa cuestión, López-Ibor añadió que ese esquema obviaba el papel de las emociones en la evolución. Barquero dijo que los cambios anatómicos no explican por sí solos la aparición del pensamiento abstracto y Camilo J. Cela aseguró que no somos monos y que si hubiésemos podido ver a los australopitecos en vida no los habríamos considerado humanos.

 

Moral evolutiva

 

Francisco J. Ayala
Francisco J. Ayala

Ayala introdujo el concepto de Evolución Cultural como proceso capaz de explicar el éxito de la especie humana en el planeta, más allá de la mera evolución biológica. Porque el ser humano no sólo es capaz de adaptarse a su ambiente, sino que es capaz de cambiarlo. Aseguró el profesor que aunque sólo nos separa un 2% del genoma del chimpancé, aún hay miles de millones de nucleótidos de los que sabemos muy poco. Ayala explicó que la evolución biológica lleva al individuo a discernir lo bueno de lo malo a partir de su capacidad de juicio y libre albedrío, pero que la evolución cultural depende de los códigos morales que adoptan los grupos en su devenir histórico. En ese sentido, aseguró que la evolución cultural es mucho más adaptativa que la biológica. Martín-Loeches añadió que puede haber cierto innatismo en la moral del ser humano. A esa moralidad López-Ibor sumó la evolución emocional y social. Baquero, por su parte, arguyó que el sentimiento moral nace del ponerse uno en el lugar del otro, concepto que Ayala concretó como empatía. En resumen, podría decirse que la moral es adaptativa y fruto de la inteligencia, a pesar de toda la agresividad que el ser humano puede ejercer contra su propia especie.

 

Ser Humano, arquitecto de su evolución

 

En general, los participantes en el diálogo consideraron que la evolución cultural es más adaptativa que la biológica, por ser más rápida, más universal y más premeditada. No obstante, Ayala confesó que es pronto para saber si la especie humana ha tenido éxito biológico, ya que tenemos una trayectoria de unos escasos 100.000 años frente a los 3.500 millones de años que llevan en el planeta, por ejemplo, las bacterias. El profesor de la Universidad de California aseguró que es previsible que nuestra especie sobreviva si no se da un cataclismo comparable al que extinguió a los dinosaurios. Para ello recordó que de todas las especies que han existido y existen en el árbol de la vida, el 99% ya ha desaparecido. Para finalizar, el experto en Microbiología Fernando Baquero aseguró que la cultura es una especie de supercapacidad adaptativa y no evolutiva. Los humanos somos incapaces de incorporar nuestra cultura a los genes para hacerla hereditaria.

 

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