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Buenos profesionales médicos y no expertos técnicos en Medicina

A la vista de la formación que reciben los futuros médicos, marcada esencialmente por la curación, el autor lanza una serie de preguntas sobre si es eso lo que debe esperarse de ellos o, por el contrario, hay características en su quehacer profesional que también deben tenerse en cuenta.

La totalidad de los médicos nos identificamos con el Juramento Hipocrático, a la vez que ignoramos gran parte de su contenido y menospreciamos, con frecuencia, su mensaje. Es bien conocido que este escrito, unánimemente considerado como el primer código deontológico de la medicina occidental, no fue escrito por Hipócrates de Cos (460-380a.C.), si bien se le atribuye por constituir una singular síntesis de sus enseñanzas.

Un elevado porcentaje de los actuales médicos no somos capaces de recordar alguno de los escritos hipocráticos, entre ellos: “Sobre la ciencia médica”, “Sobre la enfermedad sagrada”, “Sobre la medicina antigua”, etc. Sin embargo, la sociedad nos atribuye ese conocimiento, convencida de que la nuestra es una actividad esencialmente vocacional e impregnada por la moral. Está muy bien que así sea, por su implícita consecuencia tranquilizadora y creadora de confianza.

El valor de la ética

La medicina se fundamenta en un compendio de arte y ciencia. En esa dualidad radica su autenticidad

Sin ética, nunca hubo acción sanadora. Siempre los chamanes y brujos, todos ellos antecesores nuestros, no tan lejanos, tuvieron la prudencia de atribuir sus conocimientos y habilidades curativas a un poder superior, en nombre del cual ejercían como medios. Se trata del origen mágico-religioso de la medicina, cuestión universalmente aceptada, que enlaza sin solución de continuidad a la actual ciencia médica con la folkmedicina, pasando por el empirismo heleno. El miedo y la incertidumbre ante la certeza de la muerte física como irrenunciable destino, son los que le hicieron al primer homínido crear mitos, ritos y empeño en la sanación.

Bien claro lo han transmitido, profesores de Historia de la Medicina de la talla de Laín Entralgo, López Piñero, García Ballester, Gracia Guillén y Marset Campos, ente otros. También aprendimos de ellos que la medicina se fundamenta en un compendio de arte y ciencia. En esa dualidad radica su autenticidad.

Pero el futuro médico tendrá que armonizar el conocimiento científico con la habilidad artística y, además, con la destreza tecnológica. Sólo armado con esas tres capacidades, y un arraigado sistema de valores éticos, conseguirá no defraudar las amplias y exigentes expectativas depositadas en él.

Formación médica

El futuro médico tendrá que armonizar el conocimiento científico con la habilidad artística y, además, con la destreza tecnológica

Cada vez graduamos a mejores y más competentes “técnicos en medicina”, pero dudo que estemos formando a los “profesionales médicos” que se nos demandan.

Algo tan elemental como preguntar a los pacientes sobre lo que esperan de sus médicos no suele hacerse, porque creemos tener la respuesta diáfanamente clara: la curación, exclusivamente. Esa errónea premisa ha potenciado la implantación y perpetuación de docencia orientada hacia la práctica de una medicina excesivamente curacionista-reparadora, cada vez más asistida de telemática y electro-medicina y con mayor capacidad para proyectar una falsa y peligrosa imagen de infalibilidad.

Resulta desolador comprobar, año tras año, cómo bastantes de los entusiastas e inteligentes alumnos del último curso del grado de medicina, tras haber obtenido plazas de médicos internos residentes, al poco tiempo de incorporarse a sus centros sanitarios devienen en patéticos proyectos de especialistas, sobrados de altanería y vanidad. Es humanamente comprensible que aquel que hizo un bachiller brillante, una difícil y competitiva carrera, y en seguida consiguió número para especializarse en un buen hospital, se sienta satisfecho consigo mismo. Pero de ahí a considerarse, desde tan pronto, un dominador de la ciencia médica e imprescindible “salvador de vidas humanas”, hay un buen trecho.

Análisis crítico

Dudo que estemos formando a los “profesionales médicos” que se nos demandan

Siendo la necesidad de reconocimiento ajeno algo tan inherente a nuestra idiosincrasia, se supone que el intelecto y la capacidad de abstracción (que se les atribuye a los facultativos, como el valor a los soldados) tendrían que modular adecuadamente esas comprensibles aspiraciones: en esto nuestro, nunca viene mal un poco de humildad.

Creo que fallamos más los profesores y tutores que los residentes. Ellos son el producto lógico de casi haber transformado nuestras facultades de medicina en unas inadecuadas academias para preparación del examen MIR. Hasta tal punto es así, que algunas universidades presumen de implantar esa estrategia desde el primer año de la licenciatura.

Los docentes deberíamos analizar críticamente este fenómeno, intentando contestar a estas cuestiones:

1-¿Se trata de formar médicos para que aprueben el examen MIR, o de generar excelentes médicos para que, a su tiempo, logren ser buenos especialistas?

2-¿La sociedad prefiere fríos técnicos-médicos, altamente capacitados, distantes, ensimismados y más pendientes de su progreso y prestigio profesional que del bienestar de sus pacientes o, por el contrario, quiere médicos altruistas y comunicativos, muy competentes, con actitud de servicio, convencidos de sus limitaciones y empeñados en hacer realidad una eficaz relación de ayuda?

3-¿Se trata de procurar que las personas vivan mejor, durante el máximo tiempo posible y que, llegado el momento, mueran sin dolor, con dignidad, acompañados y asistidos, o estamos sólo para “salvarles la vida”, incidiendo tecnológicamente y medicalizando demasiado su existencia (a pesar de su voluntad, sus deseos, sus miedos y sus valores) para conseguir que no se mueran nunca?

4-¿Resolutivos y compasivos, o vendedores de humo científico-técnico y seguros artífices de falsas expectativas e inevitables frustraciones?

5-¿Hemos perdido el norte, ignorando que la vida es un extraordinario y apasionante proceso (natural, limitado e irreversible) y que lo verdaderamente importante es la dignidad, la salud razonable y el deseo de felicidad?

 

 

Rafael Pacheco Guevara

Especialista en Medicina Legal. Bioeticista. Presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital General Universitario Reina Sofía de Murcia.

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