El mirador

Alimentos funcionales: ¿funqué?… pero… ¿funcionan?

La comida es todo un rito, al menos contemplada desde la que conocemos como dieta mediterránea, que es la que ha configurado la mayoría de nuestras vidas y que, además, se ha demostrado que comporta beneficios para la salud; sin embargo, nos hallamos sumidos en un cambio poco saludable, por más que se trate de presentar sus productos como beneficiosos para la vida.

Comer es un placer. Un placer que se puede repetir, y repetir, y repetir, casi como la actividad sexual (pero comer requiere menos intimidad y esfuerzo, aunque más dinero pues en el sexo todo puede llegar a ser gratis). De hecho tendemos a comer en compañía y evitamos comer en solitario. Y el comer es actividad comunal que señala, incluso, «fiesta». Por ejemplo, en El Cuadrón (Madrid, valle del Lozoya), en las fiestas de El Pilar es central la «caldereta», al aire libre, en la hoguera, donde colabora toda la comunidad para ofrecer a propios e invitados una comida en la que no falta de nada pues incluye hasta postre y café. En España todo se celebra con una comida, o con un banquete; si hay poco dinero, mucha alegría y poca comida, y en general a la inversa cuando hay mucho dinero. Lo bueno es combinar alegría con abundancia en la mesa (y si se añade dinero, «miel sobre hojuelas»).

 

Se celebra con comida abundante la boda, la Nochebuena y la Navidad (solsticio de invierno), el cumpleaños, la buena suerte (trabajo y demás) y la fiesta popular. En Irlanda se celebra el funeral con un banquete, costumbre antigua que practicaban también los griegos y romanos. Y una buena cena suele ser un buen preludio de una placentera actividad sexual.

 

En Tierra del Fuego, al sur de América del Sur, los indígenas celebraban grandes fiestas cuando una ballena varaba en la playa y podían comer en abundancia. Alimentarse allí no era fácil, y la dieta básica eran los mejillones, de forma que la carne y vísceras de una ballena daba para comer hasta explotar a mucha gente. Por ello los que encontraban la ballena varada encendían fuegos que atraían a otros. Con el estómago lleno las fiestas y ceremonias se llenan de sentido.

 

El festín de Babette

 

El aceite de oliva, el vino, el sol y el disfrute de la vida al aire libre y en comunidad son señales de vivir en el Mediterráneo. Incluso se ve lejos, en Brasil por ejemplo, si estamos rodeados de descendientes de europeos mediterráneos que conservan el mismo estilo de vida, con la familia y los amigos como el núcleo que todo lo vertebra.

 

Si lo quiere ver uno en el cine, nada como el contraste entre el vivir mediterráneo francés contra el anglosajón puritano danés, en la película «El festín de Babette». Es una película danesa de 1987, basada en un relato de Isak Dinesen (la de «Memorias de África»). Babette huye de la Francia revolucionaria y acaba en la costa danesa, empleada de criada con dos hermanas hijas del pastor luterano. Al cabo recibe un inmenso premio de lotería y decide celebrarlo con un banquete por lo más alto en honor del cumpleaños (100 años) del pastor. La estricta y puritana comunidad teme festejar con tal lujo y se compromete a «guardar las formas»; sin embargo, el efecto de comer y beber los vuelve humanos, y se revelan tal cual son.

 

Sobre la dieta mediterránea se ha escrito y estudiado mucho. En realidad la dieta que se recomienda era popular en los años sesenta del pasado siglo. La influencia estadounidense envenena la sociedad con todos sus hábitos, desde brebajes no bebibles (que sustituyen a los previos, como el agua, el vino y la zarzaparrilla) a comer sin ritmo, a cualquier hora. Lastimosamente, una alta ex-responsable de Coca-Cola preside ahora la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, lo que ha creado la consiguiente alarma en Europa

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/04/actualidad/1352059929_417052.html

 

La dieta mediterránea, más mesa y mantel que aceite, pan y vino

 

En la dieta mediterránea es tan importante el continente como el contenido. Por ejemplo, es clave que haya «horas de comer», de forma que se establecen ritmos que marcan la vida en torno al diario comer y a las celebraciones con comidas (algunas ya citadas, como Nochebuena y Navidad). Se come a las horas de comer, y si se «pica» es justo antes de las comidas. En otro ejemplo, se come en la mesa, con mantel y cubiertos, lo que nos parece de lo más normal, pero no se suele ver en Estados Unidos (salvo en «Thanksgiving»). Allí se come a todas horas y si es posible sin cubiertos, ni mantel, ni mesa, del tipo de hamburguesas, perritos calientes, alitas de pollo, helados, etc.

 

El estilo mediterráneo lleva a comer sentados, con mesa y mantel, y con amigos, conocidos y/o familiares, de forma que el comer es una actividad social, que nos ayuda a socializarnos. Esto se está perdiendo, y muchas veces se come frente al televisor/ordenador, en soledad y casi sin disfrutar (es como tener sexo «por obligación», sin llegar al orgasmo pero eyaculando «para cumplir»). Lo suyo es disfrutar de la comida, elogiar a quien cocina, hacer apreciaciones incluso impertinentes sobre otras comidas de calidad mayor/menor y levantarse de la mesa satisfechos, «bien comidos». Con eso se evitan las típicas obesidades de Estados Unidos, un país habitado casi mayoritariamente por «obesidades mórbidas» de obesos insaciables que comen incesantemente.

 

Por supuesto, es importante como continente el tener tiempo para comer, para cocinar y para recoger la cocina. También tiempo para hacer de la compra un disfrute. Contra todo ello van las disposiciones laborales, el diseño de la geografía urbana, la promoción del transporte en coche personal y la legislación escolar. ¡Luego se quejan de que aumenta la obesidad! (y transforman la obesidad en un problema médico cuando es un problema político).

 

Por supuesto, la dieta mediterránea se base en aceite de oliva, frutas, frutos secos, legumbres, pan, pescado, verduras y vino. Pero no se trata de, por ejemplo, tomar el aceite de oliva a cucharadas, en centímetros cúbicos calculados como si fuera una purga; o de tomarse el vino de sopetón, sin disfrutarlo (así beben en los países nórdicos, y es una pena). Se trata de que la cocina sea gustosa y sana, se trata de disfrutar del vino y de la compañía y de hábitos tan sencillos como terminar la comida con fruta de postre (esto es rarísimo en la mayor parte del mundo, donde como mucho si hay postre es dulce y/o helado).

 

Y los alimentos «funcionales», ¿qué?

 

Alimentos funcionales (pero ¿funcionan?)

 

Los alimentos funcionales son alimentos que se venden con la etiqueta de un valor añadido. Son los que «ayudan» a bajar el colesterol, tener más defensas, llevar mejor el embarazo, evitar el estreñimiento, fortalecer los huesos, tener mejor tono vital, crecer (infantil), «sumar omegas» y demás. Son alimentos para personas sanas que pueden reclamar «virtudes» más allá de su valor nutricional y por ello prometen «salud» (mejores expectativas de vida y menos enfermedades). Curiosamente suelen tener bajo valor nutricional (más de la mitad tienen baja calidad a este respecto). En la práctica se venden casi como medicamentos, pero sin los ensayos clínicos que se piden a los fármacos. Comer deja de ser un placer para transformarse en una técnica, con «medicamentos elaborados» (los alimentos funcionales).

 

Los alimentos funcionales plantean problemas éticos en salud pública

http://equipocesca.org/new/wp-content/uploads/2012/09/Mah%C3%B3n-2012-Resumen-%C3%89tica-salud-p%C3%BAblica.pdf

 

Sus efectos en salud son escasos, dudosos y/o irrelevantes, pero pueden afectar las conductas alimentarias, con énfasis especial en los más pobres e indefensos, como ancianos pensionistas que dediquen dinero que casi no tienen a estos «productos más sanos». Desde luego, ninguno de ellos es componente de la dieta mediterránea. Algunos pueden llegar a ser perjudiciales incluso, como los «fortificados» con calcio, por sumarse al exceso de calcio tan frecuente como medicamento en «sobre-dosis» (recomendado sin base científica) que se asocia a isquemia coronaria

http://www.australianprescriber.com/magazine/36/1/article/1375.pdf

 

http://www.navarra.es/home_es/Temas/Portal+de+la+Salud/Profesionales/Documentacion+y+publicaciones/Publicaciones+tematicas/Medicamento/BIT/Vol+20/BIT+N+3.htm

 

o los omega, como se demostró en el «Sydney Diet Heart Study», en prevención secundaria, donde el descenso del colesterol se asoció a mayor tasa de re-infarto y más muertes

http://www.bmj.com/highwire/filestream/629053/field_highwire_article_pdf/0/bmj.e8707.full.pdf

 

En Estados Unidos la mitad de la población consume habitualmente suplementos dietéticos, por más que no haya conocimiento científico, por ejemplo, para el consumo de omegas como «opción» sana para evitar problemas coronarios y/o deterioro cognitivo. Quienes consumen tales complementos son población sana «preocupada»

http://archinte.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=1568520

 

Cuando se habla de medicalización, de «inyectar miedo», «creación de enfermedades» y negocio, se suele pensar sólo en la industria farmacéutica. No le va a la zaga la industria alimentaria, agresiva cuando lo precisa, como ha demostrado en el «British Medical Journal» sobre el calcio

http://www.bmj.com/content/342/bmj.d2040/rr/619289

 

La visión social sobre las industrias farmacéuticas las equipara a las del tabaco, por más que sean necesarias. El mismo camino llevan las industrias alimentarias, que siendo necesarias, de ninguna manera debería patrocinar eventos deportivos ni mucho menos estrategias de nutrición, todo lo cual crea graves problemas de salud pública, éticos y prácticos

http://www.bbc.co.uk/news/health-18708790

Juan Gérvas 

http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(12)62089-3/abstract

http://www.connectwell.biz/pdf/comment_truth_about_sugar.pdf

 

Estas industrias alimentarias cuentan con el aval de sociedades científicas que lo mismo firman un documento de apoyo a la vacuna de la gripe que recomiendan «defensas» con «bifidus», o el calcio, o los omegas. En un ejemplo concreto (página de inicio www.pulevasalud.com): Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Asociación Española de Pediatría, Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Fundación de Medicina Interna, Sociedad Española de Nutrición, Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada, Fundación Hispana de Osteoporosis y Metabolopatías Óseas, Fundación de Hipercolesterolemia Familiar y Fundación Europea Mujer y Salud.

 

Lo sano es la dieta mediterránea, incluyendo el «continente» (mesa, mantel, compañía, rito) y el «contenido» (aceite de oliva, frutas, frutos secos, legumbres, pan, pescado, verduras y vino). El abandono de esta dieta por otra de tipo estadounidense, con sus complementos dietéticos y sus comidas y bebidas basura, es un grave problema de salud pública.

 

Comer bien, siguiendo los hábitos de la dieta mediterránea, es prevención, es salud.

 

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) @JuanGrvas

Acta Sanitaria

1 Comentario

  1. Dr Daniel curi says:

    Excelente, habría algunas adaptaciones de acuerdo al entorno geográfico. Gracias.

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