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| 3 de Septiembre de 2010 |
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| EL MIRADOR (DE JUAN GÉRVAS): AUTONOMÍA VPH |
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 Juan Gervás |
Madrid 06/07/2009 La defensa de la autonomía del paciente lleva a nuestro colaborador, Juan Gérvas, a reclamar, también para la recepción de una vacuna, la petición del consentimiento informado, a fin de contar con todos los datos reales, positivos y negativos, y no sólo los relacionados con la publicidad. |
Decía Piaget que en la pubertad se pasa de un razonamiento heterónomo a un pensamiento autónomo. En la fase pre-puberal, el pensamiento heterónomo supone aceptar las reglas como invariables y permanentes. Las normas las establece la autoridad y existen para ser cumplidas con rigor, sin excepciones y sin explicaciones. Cuando no se cumplen, se busca al culpable y cabe el castigo colectivo si no se le encuentra. Tras la pubertad, el razonamiento autónomo ve las normas y reglas como acuerdos entre partes, modificables e impuestas por la razón. Las normas se aceptan y se discuten. En todo caso no es admisible la pena colectiva por incumplimiento de alguna norma.
El pensamiento de Piaget seguía el de Kant, quien dejó claro que existe una ética autónoma, basada en el deber por el deber, de forma que la razón y el desarrollo de un pensamiento propio permite que el ser humano se dé sus propias normas. A través del conocimiento ("¡Atrévete a saber!") se logra la libertad, que es un logro que da responsabilidad. La dejadez y la cobardía impiden la consecución de la libertad, y de la responsabilidad.
Autonomía, principio y final de la bioética
Son cuatro los principios de la bioética, y el último, el más moderno es el de autonomía. Es el más tardío, pues exigió el desarrollo filosófico que llevó al Renacimiento y a la Ilustración, a la reivindicación del individuo frente a la familia, la tribu y la comunidad. En Medicina se introdujo como tal principio de bioética sólo en la segunda mitad del siglo XX. Se opone al paternalismo, a la decisión tomada en nombre del paciente por el médico o por el gestor o por el político.
La prestación de los servicios médicos significa una relación de agencia, que se justifica por la asimetría de la información. Así, se supone que el médico es capaz de ponerse en la situación del paciente y tomar las decisiones pertinentes, como si fuera el propio paciente y éste tuviera los conocimientos y la experiencia del médico. Sin embargo, parece lógico que se atribuya al paciente capacidad de decisión en las cosas que le afectan, sobre todo si se refieren a su propia salud. Es decir, parece prudente suponer que el paciente es autónomo (de "auto", uno mismo y "nomos", norma: darse normas a uno mismo). Naturalmente, la autonomía llevada al extremo puede paralizar al paciente. Así, no es extraño que un paciente tan bien informado como para ser el director del 'New England Journal of Medicine', de especialidad gastroenterólogo, ante un cáncer de esófago decidiese delegar todas las decisiones terapéuticas en su médico de cabecera. En el otro extremo cabe presentar como ejemplo el calendario vacunal oficial y su presentación disimulada, como si fuera obligatorio.
Comprender, razonar, decidir
El principio bioético de autonomía tiene límites. Por ejemplo, cuando se trata de un menor, o de un paciente sin capacidad de razonar por pérdida de sus facultades mentales o por estar en coma. En la legislación española se da por supuesto la autonomía, la responsabilidad, y hay que demostrar la irresponsabilidad, la incapacidad. La autonomía tiene límites también cuando, en el ejercicio de su libertad, el paciente decide de forma que compromete al médico para realizar actos que éste cree dañan directamente al paciente (y por tanto lleva al incumplimiento del principio bioético de no maleficencia; es decir, del 'primun non nocere').
Para considerar la capacidad de decidir, su autonomía, se tiene en cuenta si el paciente es capaz de entender lo que se le transmite de forma adecuada (comprender), si es capaz de asimilar lo que se le dice a partir de la información recibida de forma que lo integra con sus valores (razonar) y si es capaz de transmitir su decisión en forma comprensible (decidir).
Vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH)
Toda intervención médica tiene efectos adversos, sea actividad preventiva, diagnóstica o curativa. Las vacunas tienen efectos adversos, como toda intervención médica. Son efectos frecuentes, tipo dolor en el punto de inyección, fiebre y otros, o son efectos infrecuentes, como trombocitopenia o neuritis. Además, las vacunas tienen efectos adversos en discusión, que no se han demostrado, pero influyen en la oposición a las vacunas, como el autismo por consecuencia de la triple vírica.
Lo obligado es advertir de los efectos adversos de toda intervención y pedir consentimiento informado, sea oral o escrito. Esta norma también afecta a las vacunas. Especialmente si son nuevas vacunas. La vacuna contra el VPH es una nueva vacuna, pero en ningún lugar se pide consentimiento informado para su administración. Al contrario, se habla exclusivamente de la "vacuna contra el cáncer de cuello de útero", "100% de eficacia" y de "seguridad demostrada". Por ello no es raro el rechazo a la vacuna contra el VPH en Valencia. La reacción ciudadana expresa asombro tras el engaño. Las autoridades han perdido crédito, pues las dos chicas ingresadas y re-ingresadas no "entraban" en lo que se decía de la vacuna. Gran fracaso de las autoridades, y lastre para las vacunas en general. La primera dosis se la puso el 79% de las adolescentes; la segunda el 62% y la tercera el 34%. La situación es todavía peor en Andalucía. Y asombrosa en Cataluña, donde se vacuna en las escuelas, con el 90% de cumplimiento del calendario. Cabe preguntarse si se está cumpliendo el principio bioético de la autonomía.
El pensamiento heterónomo se expresa bien en algunas de las reacciones de profesionales y autoridades ante el incumplimiento de las tres dosis de la vacuna contra el VPH. Se buscan culpables y se piden responsabilidades. Se amenaza con la pena ("el cáncer de útero" a las niñas no vacunadas).
Más valdría respetar la autonomía y no perder crédito social ante las vacunas. Conviene el consentimiento informado, el advertir de los probables problemas y de los efectos adversos. Es lo humano y lo científico.
Juan Gérvas es Médico General Rural y promotor del Equipo CESCA |
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